LA TOURETTE. Un retiro espiritual para amantes de la arquitectura

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Le Corbusier + Iannis Xenakis |

Éveux-sur-Arbresle, Francia [1953-1960]


¿Qué arquitecto no ha soñado con hacer algún día la llamada Ruta Le Corbusier? Pues como no podía ser de otra manera, yo estaba en ese grupo desde hacía mucho tiempo… De modo que, aprovechando los días de Semana Santa, cogimos el coche y nos fuimos en busca de la obra de éste magnífico arquitecto. Recorrimos desde sus inicios en La Chaux-de-Fonds, su ciudad natal en Suiza, hasta sus últimos proyectos ubicados en la zona este de Francia. Y así, de entre las muchas visitas que me gustaría explicaros, he decidido empezar por uno de los edificios más emocionantes de Le Corbusier, el Convento Sainte Marie de La Tourette, que se encuentra muy cerca de Lyon.


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Empecemos por conocer cómo llegó el proyecto a manos de Le Corbusier, quien aparte de ser agnóstico, se negó durante un tiempo a trabajar para la iglesia. No lo hizo hasta 1950, cuando el padre Couturier le convenció para reconstruir la capilla Notre Dame du Haut, en Ronchamp.

Éste dominico, director de la revista “Art Sacré”, tuvo un papel importante en la renovación del arte religioso del siglo XX, y cuando la Orden Dominicana decidió trasladarse a las afueras de Lyon, les escribió lo siguiente: “Si quieren una obra bella y fuerte, que exprese vuestra admiración y la de la orden por el arte de hoy en día, y vuestra confianza en el mismo, pídanselo a Le Corbusier, no les decepcionará…”. Tras estas palabras, en 1953 se propone a Le Corbusier llevar a cabo el Convento de La Tourette, y éste, que amaba la vida monástica, no dudó en aceptar el encargo.


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El hecho de que Le Corbusier no fuera creyente no le supuso ningún problema, sino más bien un reto por entender un nuevo modo de vida basado en la religión. Tomó como modelo uno de los mejores ejemplares de arquitectura cisterciense, la Abadía de Le Thoronet, cerca de Toulon. Como en ésta, el padre Couturier le pidió que el edificio reflejara la pobreza, uno de los principios básicos de la Orden Dominicana. Además, el convento tenía que ser un lugar propicio para el estudio, para lo que se requería silencio y una temperatura agradable -aunque finalmente el edificio se vio afectado por un elevado consumo de energía para su calefacción-.


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Con estos requerimientos y en plena naturaleza, Le Corbusier proyectó un edificio de formas puras y simples, siguiendo estrictamente las proporciones de Le Modulor -sistema de medidas que él mismo creó basado en el hombre-.

El emplazamiento ofrece unas características ideales para que el convento se vuelque hacia el exterior, aprovechando al máximo la luz natural y el paisaje. Siguiendo esta idea, Le Corbusier consideró que el claustro convencional no era necesario, ya que los hermanos se pueden relacionar con la naturaleza en cualquier punto de los alrededores del convento. De este modo, en el espacio central se emplea la promenade architecturale -que ya vimos en el IMO-, y se ubica aquí un cruce de pasillos que comunican la planta -1.


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Seguro que a más de uno el Convento de La Tourette le recuerda a las Unité d’Habitation. Lo cierto es que Le Corbusier tomó la unidad mínima que había desarrollado para sus viviendas en Marsella y la aplicó en las celdas de los dominicos. Éstas, con las proporciones de Le Modulor, miden 1’83 m o 2’26 m de ancho, dependiendo del usuario, por 5’92 m de largo y 2’26 m de alto. Todas ellas tienen una logia –balcón- para permitir el contacto con el exterior, además de buscar el sol y las vistas desde el interior de la habitación. Cada una cuenta tan sólo con lo estrictamente necesario: una cama, una silla, una mesa, un armario y un lavabo. A pesar de la austeridad, los hermanos valoraron muchísimo las estupendas condiciones que les ofrecían sus celdas.


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Volviendo al conjunto del edificio, éste se implanta en la ladera del terreno, sin sobrepasar la altura de los árboles que le preceden. Le Corbusier separa la zona habitable del convento -la cual eleva sobre pilotis– de la caja independiente de la iglesia, formando en conjunto una planta cuadrada. El convento y la iglesia se comunican tan sólo en dos puntos: mediante un pasillo que conduce desde el interior del convento a la iglesia, y por una pasarela que comunica las dos cubiertas. Es muy importante esta segunda zona, ya que la cubierta del convento se convierte en un lugar muy especial.


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Como ya vimos en la visita al Weissenhofmuseum, uno de los puntos de la arquitectura de Le Corbusier era destinar las cubiertas de los edificios a terrazas ajardinadas para que fueran un espacio más de la vivienda. En la Tourette, la cubierta se convierte en un lugar de reflexión para los monjes, a los que el arquitecto anima a subir para estar más cerca de Dios. Para propiciar esta relación espiritual, la cubierta se recubre con una pequeña capa de tierra donde, gracias al viento y los pájaros, crece una superficie de vegetación natural. Además, Le Corbusier decidió elevar los muros de la terraza hasta 1’83 m, de manera que impide las vistas hacia el maravilloso paisaje y fuerza a los usuarios a elevar la mirada hacia el cielo.

Aún hoy en día, este espacio está reservado exclusivamente para los monjes, y aunque lo comenté con nuestra guía durante la visita, no fue posible acceder. Es una verdadera pena, ya que era uno de los lugares que más me apetecía recorrer.
Para que me entendáis un poco mejor, aquí tenéis una espectacular foto de Richard Pare, cuyo trabajo descubrí recientemente en una exposición sobre Le Corbusier.


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Lo que sí pudimos ver durante la visita fueron muchos de los espacios que forman parte de la vida cotidiana de los religiosos y los huéspedes, ya que el convento permite alojarse en sus celdas. En un principio el edificio tenía que albergar a 100 hermanos, pero aunque en sus mejores momentos llegaron a vivir hasta 80, hoy en día tan sólo lo habitan unos 10 religiosos. Así, en el resto de dormitorios se acoge a personas para la meditación, siendo la única manera de ver las celdas.

Durante la visita, la guía nos fue mostrando algunos detalles de las zonas que se pueden visitar: la sala de estudio, un pequeño oratorio, el refectorio -comedor-, pasillos y espacios de estar y, como no, la maravillosa iglesia. Bajo un ambiente lleno de paz, y con los hermanos recorriendo los pasillos, lo que más me sorprendió fue el refectorio. Desde aquí hay una vista espectacular, aunque lo mejor es la pared de vidrio que conforma la fachada, obra del ingeniero Iannis Xenakis.


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Xenakis fue en realidad una pieza muy importante en la obra del Convento de la Tourette, ya que por esas fechas Le Corbusier estaba inmerso también en el diseño de la ciudad de Chandigarh, en la India.

Aparte de ser ingeniero, Xenakis era también compositor, y su pieza Metástasis fue la que dio forma a los paneles de vidrio que aparecen en las fachadas de los espacios de estudio, de vida común y de circulación. La distribución de estos paneles surge de una programación estadística al azar, y se materializa con finas membranas de hormigón armado que separan los vidrios sin la necesidad de marcos, siempre independientes de la estructura portante.


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Y para acabar la visita, entramos en la iglesia, uno de los edificios más emocionantes de Le Corbusier. Se trata de una sobrecogedora caja de hormigón totalmente dimensionada bajo las proporciones de Le Modulor, y donde reina la austeridad. No encontramos elementos decorativos, tan sólo un espacio desnudo en el que la luz natural está presente en todo momento, aunque sin abusar de ella. Ésta se emplea de manera rigurosa, siempre indirecta, consiguiendo un espacio acogedor y salpicado de color.

Fijaos en las aberturas horizontales que hay detrás de los bancos, casi imperceptibles desde el exterior del edificio. Situadas de una manera muy hábil, permiten a los hermanos la lectura durante los actos religiosos.


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En el interior de la iglesia nada es fortuito. De hecho, el volumen total es el mismo que el de todas las celdas unidas, mostrando que en este espacio todos y cada uno de los hermanos tienen su lugar. En el pavimento, el despiece sigue estrictamente las proporciones de Le Modulor, igual que la única cruz presente en el diseño del edificio, la cual se alza junto al altar mayor. Pero eso no es todo, ya que la iglesia se completa con dos volúmenes laterales: la sacristía y la cripta.


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Mientras que la sacristía es rectangular, la cripta se ha ganado el nombre de la “oreja”, con su peculiar forma curva. Ambos espacios se encuentran enfrentados y separados por la nave de la iglesia, donde se ubica el altar mayor.


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Tanto la sacristía como la cripta reciben luz natural, y aportan a la nave de la iglesia un ambiente muy especial y lleno de color. La luz cenital, que proviene de unos lucernarios situados en las cubiertas, resbala por el inclinado muro rojo de la sacristía, atenuando la sobriedad del altar mayor.

Pero fue la cripta, con sus tres cañones de luz, lo que más me atrajo al entrar a la iglesia. Un conmovedor espacio lleno de fuerza, que surge al combinar formas puras y colores primarios bajo una luz celestial.


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Le Corbusier aceptó incluir tan sólo 3 elementos religiosos: la imagen de la virgen junto a la sacristía, una pequeña escultura de cristo en la cripta, y la gran cruz en el altar mayor. Debido en parte a esta sobriedad y al gran volumen, se consigue una reverberación de 7 segundos en el interior de la iglesia, que aunque no sea muy adecuado para su uso, provoca un ambiente sobrecogedor.

Me gustaría acabar con unas fotos y un video, que me costaron algún que otro tropiezo. Me alejé todo lo que pude del edificio, metiéndome entre la vegetación de los alrededores para tener una perspectiva más amplia de todo el entorno. Así, pude disfrutar de unas vistas estupendas.


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Desde la distancia se puede apreciar mucho mejor la relación del edificio con el paisaje, y es que el Convento de la Tourette se implanta en el terreno de una manera contundente pero respetuosa. La horizontalidad de sus fachadas de hormigón no se ve afectada por la inclinación del terreno, lo cual aprovecha para ganar dos plantas en la fachada Oeste.

En las fachadas Este, Sur y Oeste predomina la repetición de las logias individuales de las células de los monjes y los pilotis, mientras que en la fachada Norte encontramos el enorme muro ciego de hormigón de la iglesia, tan sólo alterado por el famoso volumen de la cripta.


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17 thoughts on “LA TOURETTE. Un retiro espiritual para amantes de la arquitectura

  1. Excelent tour! I did that and Ronchamp in ´80 during my 1st year at the AA on our way to pay a visit to Andrea Palladio in the Venetto, perfect opposites, unique experience.
    Kep us up to date with your travelings.

    Francisco

    1. Thanks Francisco!! I’m sure that in the 80s trips were better… less tourists, less commercial use… However, maybe it’s time to come back! 😉 It has been one of the best routes I’ve ever done, and yes, Ronchamp is a must-see. I’ll try to post it in future!

      Best regards

  2. Felicidades por tu reportaje, Helena. Es una lástima que casi no se enseñe el Número de Oro (fi = 1,6180) en las escuelas de arquitectura. Le Corbusier lo recuperó de la arquitectura històrica para diseñar su Modulor. La proporción de la belleza, usada por griegos, romanos y árabes, ya se hallaba presente en la relación que definía la Gran Pirámide (semibase/altura/apotema = 1/raiz de fi/fi, es decir, 1/1,2710/1,6180). El Modulor y el Número de Oro son dos grandes instrumentos de diseño que nos ayudan a los arquitectos a apropiarnos del espacio. Un abrazo.

    1. Muchas gracias por tu comentario Miquel. Sin duda, nos podrías enseñar mucho sobre el Número de Oro y su importancia en la arquitectura. Un abrazo!

  3. Helena me ha encantado el reportaje por lo claro y limpio que es, así lo he dicho en Linkedin, emotivo, también el video alejándose del centro, quería decirte que, y siento un poco de apuro al decirlo, que en dicho video quizá, sólo quizá, pudiera haber habido una música de Xenakis, te lo digo como medio músico que soy, no se porqué me ha evocado esta música con baile de campanas (Xenakis, Metaux):

    http://youtu.be/41EcWTjCuMA

    Felicidades!

    1. Muchas gracias Joan!
      Estoy completamente de acuerdo con lo que a la musica del vídeo respecta, pero de lo poco que conozco de Xenakis no había nada que me encajara… Gracias por la aportación!
      Siento no haber contestado nada en linkedin, pero estoy fuera de España y no puedo conectarme con facilidad. En cuanto vuelva me pondré al día!
      Un abrazo!

  4. Muchas gracias por traernos este reportaje del maestro. Esta, junto con la Ville Saboye, fue la primera obra que estudié cuando comencé mis estudios de arquitectura y ejerció sobre mí una gran influencia, descubriendo a LC. El reportaje que has hecho nos acerca de una manera más humana a la obra, así que enhorabuena. Un saludo!

    1. Muchas gracias Gabriel. Espero poder hacer pronto un post sobre la Ville Saboye, aunque ya hace un tiempo que la visité y las fotos que tengo no me convencen… Tendré que volver!
      Un saludo y gracias por tu comentario.

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